En la conversación común se tienden a confundir los términos, aunque son muy distintos. La anorgasmia representa el no tener orgasmos o no alcanzar el placer, mientras que la frigidez significa que la mujer no tiene deseo sexual.

La mujer debe aprender a conocer y reconocer las cosas que le producen placer en la relación con el varón.

La anorgasmia, así como la frigidez, es tratable, siempre y cuando la mujer coopere con el terapeuta. La eficacia del tratamiento es de un 95% de éxito.

De acuerdo a lo que plantea el doctor Antonio Salas, “muchas mujeres llegan a las clínicas reclamando que no sienten deseos sexuales o que no tienen orgasmos con la penetración, que que sí lo tienen con el preámbulo a ésta, las caricias o el sexo oral. En otras palabras, con todo lo que se refiere a la excitación. Pero ellas piensan que tienen un problema o que son frígidas y, por el contrario, son personas normales”.

Explica que, por lo mismo, “antes de pensar en que se puede tener un problema, hay que tener conciencia que la sensibilidad de una mujer no esta al interior de la vagina, sino que en sus zonas erógenas”.

Esas áreas del cuerpo son: labios, cuello, manos, senos, costados de las caderas y, sobre todo, el clítoris. Claro que su mayor o menor importancia irá en relación con cada mujer en particular, de acuerdo con sus zonas más sensibles.

La vagina, en sí misma, tiene muy poca sensibilidad erótica. Se lubrica, se excita, pero no se llega a sentir orgasmos en ella.

Explica el doctor Salas que, por lo mismo, la mujer debe aprender a conocer y reconocer las cosas que le producen placer en la relación con el varón. Asimismo, que exista comunicación entre ambos para avanzar en la aceptación mutua de lo que prefiere uno u otro, todo dentro de un absoluto respeto a la persona. Lo peor que se puede hacer es obligar a alguien a hacer lo que no desea, lo que no le es placentero. Es allí donde de pronto surgen los problemas de compatibilidad”.

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CAUSAS

La mujer, por herencia, educación, ancestralmente trae un dejo de frigidez, ya que se les ha enseñado que el sexo es malo, sucio, cochino, que los hombres abusan de ellas, que el sexo es solo para tener hijos.

Eso lleva a que muchas mujeres esperen asustadas en la cama para ser fecundadas, olvidándose de sí mismas. Aunque parezca un chiste, pese a que en temas de sexualidad se están cambiando los conceptos, todavía hay mujeres con trancas y miedos hacia el sexo opuesto.

Si bien un aspecto de la frigidez puede ser sicológico, no es esa la única razón por la cual se puede tener este problema. Hay un aspecto hormonal que puede causarla. Por ejemplo, el uso de anticonceptivos le da a la mujer cierta cantidad de hormonas que son enemigas de la testosterona, una hormona masculina que la mujer también posee en cierta cantidad, y que produce el deseo en el ser humano.

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El dolor en la penetración puede ser una razón para inhibir el deseo, pero ello se ha ido superando en el último tiempo con la aparición de productos diversos que facilitan el coito (como gel y cremas especiales).

 

APOYO

Frente a una situación de esta naturaleza, la mujer debe acudir a un chequeo físico, que incluye el aspecto hormonal.

Por cierto que, una vez que se descubre la causa de la frigidez, se determinará el tipo de tratamiento más adecuado.

En caso que sea el dolor, se ofrecen alternativas y posiciones menos dolorosas; si es hormonal, se tratan las hormonas con medicina específicas, y si es un aspecto sicológico debe ser atendida por un especialista en ese campo.

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Lo importante es considerar que la frigidez no es algo definitivo, sino que tiene solución, por lo que hay que buscar apoyo lo más pronto posible.

 

LA ANORGASMIA

Como se explicó, las zonas erógenas de la mujer son distintas en cada una de ellas. Hay algunas que tienen orgasmo por estimulación de las mamas; otras, por caricias en el monte de Venus, o por estimulación en la zona anal. Están aquellas que, además de la penetración, necesitan ser estimuladas en la zona del clítoris y de los labios menores, pero existen otras que no conocen nada acerca de estos orgasmos.

Según los especialistas, el problema de la anorgasmia consiste en la imposibilidad femenina de alcanzar el clímax, pese a tener la estimulación necesaria y adecuada en intensidad, duración y tipo.

Esta disfunción hace algunos años no recibía ningún tipo de atención, a causa del enfoque masculino y machista de nuestra cultura, en la que el hombre era el único con derecho a satisfacerse sexualmente, quedando la mujer de lado.

 

TRES TIPOS

La anorgasmia se divide en tres tipos: la primaria, significa que la mujer nunca ha logrado tener un orgasmo en su vida, ni a a través del coito ni por masturbación; la secundaria, es aquella en que la mujer, luego de de una época en la que ha tenido orgasmos con normalidad, deja de experimentarlos de forma sistemática, sin motivo aparente.

Por último, se reconoce la situacional, en la que las mujeres son capaces de alcanzar un orgasmo en ciertas situaciones sexuales, ya sea inducido por el acto mismo o por la estimulación del clítoris, pero solo en momentos específicos.

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SUPERAR EL PROBLEMA

La anorgasmia, así como la frigidez, es tratable, siempre y cuando la mujer coopere con el terapeuta. La eficacia del tratamiento es de un 95% de éxito, cifra que es bastante elevada si se toma en cuenta la gran cantidad de mujeres con este drama.

Las llamadas terapias sexuales constituyen el eje central del tratamiento. Su objetivo principal es lograr que la mujer se entregue a la experiencia sexual sin temores ni culpas, cambiando el sistema sexual en el que se mueve. A nivel vivencial, la terapia intenta crear un ambiente no exigente, relajado y sensual, que permita el natural transcurrir de su respuesta sexual.

Se alienta a la pareja a realizar ejercicios en la intimidad, para lograr comunicar abiertamente sus sensaciones y deseos. Con esto, se logran eliminar los obstáculos inmediatos que se oponen a un buen funcionamiento sexual.

Todo lo anterior, por cierto, con el firme propósito de que la mujer disfrute de su cuerpo, obteniendo placer del sexo con su pareja.

 


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